jueves, 15 de enero de 2009

Lo prometido, es deuda....

Como prometí, ahí va una de humor. Es un relato que tengo en "antología de un poeta aficionado" propiedad de este que os cabrea de vez en cuando, que también sabe reir. Y, como es mia, y solo mía, además de estar debidamente registrada en la propiedad intelectual correspondiente, pues iré desgranando en este blog, alguna de sus facetas.
Y ahora a leer y reirse, que eso es fantástico, además de "curioso", que ya sabemos lo que significa.
¿Era una broma... ? (Relato corto)
En las grandes ciudades todo camina muy aprisa. Y para no ser menos, los autobuses también.
O sino, que le preguntaran a aquel muchacho que se subió en una parada cualquiera, en una línea cualquiera, de la bonita capital de España.
En Madrid, el parar y arrancar de los autobuses, a veces, trata de imitar al transporte subterráneo. Así de rápidos van algunos. Y, no se sabe si es mejor que vayan llenos, o vacíos.
Quizá en este caso, hubiesen venido bien unos cuantos de pasajeros más.
A éste ¡pobre! no le dio tiempo ni a guardar el bono-bus. Antes de poder sacarlo del aparato, el tirón del arranque le catapultó en dirección contraria a la marcha.
Aquel muchacho, ataviado como una fotocopia de "Loquillo" -orgullosísimo él de su tupé- emprendió una vertiginosa carrera hacia la trasera del vehículo. A tal velocidad, que no conseguía agarrarse a ningún sitio.
Un señor que viajaba situado cómodamente, aunque de pie, en la plataforma central, le observó con cara de sorpresa... ¡No podía, nadie, correr más que aquel joven!... ¿Se habrá arrepentido de montarse? -se preguntó atónito, no sin cierta mordacidad-… iba tan rápido hacia la salida...!
Claro está que, con el pasillo vacío, no tuvo ninguna objeción para empotrarse en los asientos traseros. ¡Nadie se opuso!
El pasajero, admirado, volvió la cara a su posición normal esbozando una sonrisa. No había ocurrido nada que lamentar… ¡menos mal!

¡Tate... ahora el autobús frenaba de golpe!...un turismo se cruzaba en la siguiente esquina. ¡Tan cruzado, que no pudo salvarse del impacto!
¿Qué estaba pasando?
En el fragor de la confusión –todo, arranque y frenada, ocurrió en menos de cinco segundos- mas el topetazo y algunos gritos de los viajeros, el señor de la plataforma central no daba crédito a lo que estaba presenciando: El intrépido roquero pasaba de nuevo por su lado… ¡como una exhalación!
Esta vez de espaldas, y perdiendo la vertical por segundos.
¡Madre del amor hermoso que desaguisado!
Por fortuna no llegó a caerse del todo, porque se fue de espaldas contra la mampara protectora del conductor. El batacazo fue descomunal. Hasta sonó: ¡¡buummmbbb!!!
Los pocos que en el autobús no recibieron ningún golpe, tuvieron que tratar de serenar y recomponer un poco, todo el desorden que generó el choque. La suerte les había acompañado, y, algo nerviosos no obstante, sonreían con el simpático copista del famoso que –ahora sentado en el suelo- también se reía.
Sobrepuesto del susto, removiéndose un poco por el dolor que debía acompañarle en la rabadilla, decía a todos: "¡No estaba seguro si bajarme... !
Y sabiendo que aquello tenía su mérito, el señor de la plataforma central rió, ya, sin ningún miramiento... ¡todo parecía una broma!
Era una temprana hora de la tarde; llegando a ese verano, tan incómodo a esas horas en Madrid, y, lo que no fuera desgracia, solo invitaba a risa.