domingo, 29 de marzo de 2009

El amor por Internet, Capítulo 3º



Pincha en el osito, y verás como te saluda... jeje


Capítulo 3º.-

...Un pellizco, que hasta le hacía ver la letra como si fuera la suya, en lugar de unos signos sin vida, cuando menos alejados del sentido físico, del editor de texto habitual.
Pues ya que se perdió la “personalidad” de las letras, ahora que nadie escribe a puño y tintero, se le antojaba tremenda sensación, “ver” aquellas letritas suyas tan pequeñitas como pulgas, eso si, muy uniformadas y bien definidas.

Estaba alucinando? Después de una vida llena de sobresaltos, aún definidos en largos tiempos, en los que hubo de todo: amores, desamores, matrimonios, separaciones, divorcios… relaciones esporádicas, amantes, aventuras y desventuras… ¡ahora!... le llegaba esta sensación inmensa, completamente desconocida para él.
Y por supuesto, que ya estaba pensando en la forma de decírselo. Lo que empezaba a germinar en sus vísceras, no podía quedarlo en el olvido, y mucho menos sin decírselo a ella. Se sentía distinto, como volviendo a comenzar en la edad de mariposas en el cielo, sensaciones de alegría en todos los átomos del cuerpo, y flores hasta en las piedras. Y había que compartirlo.
Armado de valor, y no sin ciertos temores al rechazo, o al “¿pero a donde vas tu, so viejo verde?” se preparó para escribirle una carta, y contarle lo que le había conmovido de tal manera.
“No se como empezar. Pero tengo que armarme de valor, y seguir adelante.
Bueno; resulta, que, creo que… siento por ti algo muy especial. No se siquiera si esto tiene sentido; si nuestras edades se corresponden, o esto es una locura. No entiendo nada, pero me pasa.”
Así comenzaba la carta, que se copia aquí del original, incluido formato y texto.

Aún ahora, al volver al recuerdo, y buscar en sus archivos todas las cartas que se cruzaron, no puede evitar que aquellas sensaciones se disparen de nuevo. Era como tocar el cielo, sin necesidad de empinar ni un dedo. Era, lo mejor que nunca había experimentado o hubiese imaginado siquiera, que podría ocurrirle a él.
Estaba diciéndole a una chica, a miles de kilómetros de distancia, que se acababa de enamorar de una frase, de unas siglas en un Nick, de unas letritas que se le figuraban, en aquella carta que decía “Sevilla es rebonita”…
¡Que locura!

Pues no; de locura nada, porque a poco más de unas horas, recibió esta respuesta:
"Asunto: hola!
hola , no se que decirte solo que me siento muy feliz y siento lo mismo por ti , como podria no agradarme lo que dices, si esperaba tanto que lo dijeras , sabes hace un momento pense que todo era una ilusion que solo pasaba por mi cabeza..."

Ahora sí, que ya no cabía duda alguna. En ese momento, mientras leía la carta, volvieron a sonar los cohetes de cuando niño, allá en Galicia, vio una fiesta por primera vez. Los mismos fuegos artificiales de idénticos estampidos y colores, que cuando niño también, sintió el primer día que su madre le hizo unos pantalones largos. La vez que su padre volvió a casa, tras la primera ausencia que recordaba, en un viaje que duró semanas, y les traía tebeos y pulgarcitos, nada menos que de Madrid. También, su primer baño en el mar, allá por Tarragona, cuando disfrutó las primeras caracolas de salitre y espuma.

Todas sus mejores sensaciones, en toda la época de mejor pureza de su vida, vinieron al momento de leer aquel mensaje en su correo de internet. ¿Quién lo diría? ¿Que cambios, no podía dar la vida? ¿Cómo se podía conjugar, tanta técnica nunca soñada en su infancia y juventud, con aquellos torpes sobres amarillentos y sellados del correo postal?
Cuando en el colegio, porque todos los niños lo hacían, escribía notas a las chicas más guapas de la clase, y cartas de supuesto amor incomprendido, en aquellas cuartillas que “robaba” del escritorio de su padre. Que un día no se le ocurrió otra cosa, que meter una de estas misivas, aturdidas e ilusorias letras, en un sobre con membrete del hombre que le había dado el ser. Ahora, en este mismo momento, rememoraba el asombro, sino miedo, que sintió cuando su querido progenitor le mostró aquella carta: ¿Es tuyo esto? Le había preguntado…y si él, hubiese sido capaz de articular palabra, seguro que hubiera dicho esta frase: ¡¡tierraaaa...tráaaagame!!

Y sin solución venía a su memoria, aquellos años felices y de tanto amor de su familia, inocentes y sin altas pretensiones; de una vida que se solventaba siempre en déficit de cosas, y engrandeciendo las pequeñeces. Una vida, que siempre habría de añorar, en la falta ya, de dos seres muy queridos, que nunca le dieron un no por respuesta.
Sin duda, el mundo traía sorpresas. Muchas, muchas sorpresas.

Claro que, siendo un tanto objetivo, si no se le agrupasen todas las emociones, o quizá, si lo hubiese leído en algún sitio, terminaría por parecerle ilusorio. Pero le estaba pasando a él, y eso no tenía nada de ilusión. No era un crío, para no diferenciar entre lo real y lo imaginario.
No… aquello era real; en la distancia, mucha, mucha distancia, había una persona que sentía lo mismo, solo por el intercambio de unas frases, de unas fotografías, de unas letras en un texto por vía electrónica. Eso es realidad, no ilusión.

Mas tarde, solo unos meses más tarde, pudo corroborar lo real que había llegado a ser, y lo circunstancial, o el azar, que hizo que aquella criatura se conectase al billar de yahoo….precisamente aquella noche de noviembre. Aquella, y no otra…