domingo, 6 de diciembre de 2009

Capítulo núm. 3... ó, TERCERA ENTREGA DE LA GUERRA DEL "GOLFO"


LA GUERRA DEL GOLFO
(Capítulo III, El Seminario)

Esta frase la pronunció don Ubaldo, el maestro de Manzaneda. Donde Pablito había aprendido a jugar a las bolas; al marro, a saltar a la piola y los tacos, pura consecuencia de que no le gustaba perder a nada.
Ésta, procedía de doña Maruja; la rechoncha, morena y verrugosa maestra de Vilar de la Barra. Y LA BRUJA. Aspecto de virgen de Monserrat por el color y estatura, y bruja, por la verruga que iluminaba su pómulo izquierdo.
Frases que encerraban un velado mensaje y que don Pablo recibía, no sin plantearse un dilema: El sueldo de cabo no daba para mucho.
Dilema que a la vez, hacía mella en la capacidad mental de Pablito. Si los guardias tenían a sus hijos estudiando... ¿es que ganaban más que un cabo? ... se lo preguntaría a su padre.

La solución surgió porque en Orense, habían convocado becas para el Seminario Menor. Y la maestra, también le vendió la idea a su padre, de que "recomendaría" personalmente a Pablito.
¡Valiente bruja! No se arrepentiría nunca de haberla motejado particularmente. ¡Pablito –el único- no necesitaba tal ayuda! Y era cierto; puesto que, de cuatro fallos permitidos en el examen le sobraron tres. Solamente erró una respuesta.
Nunca pudo entender como su padre, no recriminó a la profesora por eso. Que se arrogara triunfos que no le pertenecían; ya que, siempre que salía la conversación, su padre decía que le estaba agradecido. ¡Yuuuuna mieeeerda!
¡Debía ser un precepto, hacer más caso a los mayores! Aunque fueran irregularmente terminados, como aquella maestra. Porque sostendría siempre, que Doña Maruja, no era fea... ¡solo estaba mal terminada!
Recordaba que, el dia del examen, fueron a comer a la plaza de los soportales, o menos conocida, Plaza Mayor. Su padre y él comieron huevos con patatas fritas, y la muy gorda, se deleitó con unos calamares en su tinta, que eran mucho mas caros. ¡No le extrañaba que estuviera tan oscura! ¡Puafff... con aquella comida, seguro que haría la caca negra!
Todas estas cosas de su padre, -que no le hiciera caso y demás- le sentaban fatal. Pero... ¡como le quería tanto... se lo perdonaría todo!

* * *

La suerte estaba echada. Según aprendería muy pronto: "Alea jacta est". Porque... ¡iba a estudiar Latín!
No sabía él muy bien, de lo poco que le valdría. Excepción hecha, de simple cultura como es natural. (Si a la cultura, se la puede llamar simple, claro)

Se suponía que en el Seminario alcanzaría cuarto de bachiller. Después, si no quería continuar, a convalidarlo para concluir alguna carrera en libertad religiosa.
Eso es lo que habían hablado y decidido cuando confesó en su casa que, de vocación sacerdotal, nada de nada. "No te preocupes, hijo. -Había dicho su padre- Cuando consigas el bachiller, saldrás de allí". Porque tampoco, quería vestir sotana. Y si pasaba al Seminario Mayor, habría de hacerlo forzosamente.
Esto no quería decir que sus padres, no estuvieran seguros de su falta de vocación. Simplemente, era la única manera de que pudiera estudiar algo.
Él pensaba que de todas formas, al único que le tocaba estar fingiendo la vocación, era él. Y las misas y rezos, no serían igual que en libertad. Porque él, era católico, apostólico y romano, porque le habían bautizado. (Lo primero, no le causaba mucha faena, pero lo de romano.... era otro cantar)
Después, iba a la iglesia porque todos iban. Rezaba, porque todos rezaban; pero llegar a ser Don Aníbal... ¡eso, ni se lo pensaran!

Nunca entendió cuando Milito, le explicaba qué hacer con los estudios cursados en el Seminario. Con toda la frialdad del mundo, una vez agotado el máximo provecho, antes de cantar misa, se iría por donde había venido. Obviamente con una carrera, sólo para convalidar con la enseñanza reglada. ¡Bah, en un par de años de reválidas, estaría con un futuro brillante!
Había que tener en cuenta que en el Seminario a punto de cantar misa, con veintipocos años, serían consumados teólogos. ¡Milito iba por primero de Filosofía, y tenía diecisiete!
Pero a Pablo no le convencía. Todo muy bonito, sí... pero ¿y la honestidad, qué? ¿Tantos años fingiendo?
Dudaba de la legalidad moral de esta postura. Sin que pudiera explicarse muy bien, le parecía una barbaridad fingir una vocación inexistente. Puesto que entendía, que los curas no querían nada con mujeres. Eso... ¿como se comía? Él no pensaba dejar su sexo postergado. Y menos, ahora que sabía de sus promesas.
Y, ¿cómo Milito hablaba de ellas?... si contaba que en el Seminario Mayor, ya con sotana y todo, no podían acercarse a ninguna... ¿esto, que era?
Alguien de los que predicaba, se estaba equivocando. O mentía. No conjugaba la honradez y bondad, con todo lo que estaban haciendo unos y otros. Y menos, el celibato que trataban de demostrar.
¡Hummm! La vida, empezaba a oler a chamusquina. Idéntico olor, que cuando mataban los cerdos.
Pero lo que más le molestaba a Pablo, era que sus padres, también pensaran igual. ¡Estaban de acuerdo con todo lo que hacían los considerados "inteligentes"! ¡Ahí, se perdía! Eso no era lo que siempre le habían enseñado.
Si había aprendido de su padre, que era un tipo honrado, razonable y justo; su madre, cariñosa, algo más exaltada, pero igualmente buena y justa… ¿por qué aceptaban aquellas posturas externas, de personas que no hacían lo correcto?
¡Vaya lío!

* * *

Un buen dia muy de mañana, subían un colchón reliado en plásticos, -por si la lluvia- a la jardinera del autocar que todos los dias, pasaba por la puerta del cuartel. Pablito salía para Orense, acompañado de su madre, y de una maleta no muy grande. El colchón en la baca, y aquella pequeña valija, constituían su primer equipaje personal, e independiente.
Un amargo regustillo en la garganta, le hacía un nudo al alejarse de la casona. En su interior se refería a sentir. Por algo que dejaba atrás, con su familia dentro, y no podría ver en muchos meses.
Pero hacia fuera, no se podía exponer. Porque sería entendido como debilidad.
Su vida, hasta entonces feliz y sin preocupaciones, con el conocimiento frustrado del sexo, y el alejamiento obligado de los suyos, empezaba a pintar raro.... Seguir leyendo>>>>