jueves, 15 de julio de 2010

La playa.... ¿o, deberíamos decir el playo?

Ya llegaron las vacaciones de verano, aunque para otros, o sea yo, ya pasaron. En esta magnífica playa me he tostado en contra de mi voluntad, pues nunca, jamás, me he acostado en la arena para recibir los rayos de nuestro padre el sol. O el Lorenzo, como suele llamarse -ya saben, por aquello de la parrilla- de modo coloquial.
Estaba yo entre la ria y la playa de Punta Umbría, Huelva, con la sana intención de bañarme y bañarme sin más, y mi hermosa espalda ha quedado como un atún varado en la arena de cualquier recóndito lugar costero, lacerado y carcomido por la erosión.
Pero eso no es interesante, sino lo que viene al cuento. Les explico:
Nuestros próceres políticos porgresistas de tres al cuarto, se empeñan en sexuar el lenguaje, y me ayudo con el enlace superior, para convencerme que no soy el único en estar en contra de tales ¿progresos?
Me parece absolutamente ridículo, que haya que poner género o sexo a las palabras... ¿o si son malsonantes, deberíamos decir "palabros"? Pues no, porque para eso está lo de "palabrota". ¿Cierto?
De modo que según ellos, ahora "el miembro", que claramente y de forma totalmente usual denota el sexo masculino, si es femenino debe ser "la miembra"... ¡caramba con el cambio!
Porque tiene cojones que en todo un ministerio, que debería ocuparse de problemas de educación, intenten educarnos en cambiar el género a los verbos. ¿Habrá que recordarles lo de los participios activos?
Redundando en lo mismo, "Presidente" -todo el mundo lo sabe- es quien preside algo. Por tanto debería ser la señora, o el señor, PRESIDENTE. Y no, la barbaridad de presidente o presidenta.
Los miembros de una cámara, son MIEMBROS, sin la otra barbaridad de decir miembro o miembra. ¡Absurdo!
Porque por esa regla de tres, si se dirige uno a un juez masculino: con la venia de su señorí-o. Y ya, todo lo que hasta ahora hemos escuchado de "su señoría", solo quedaría para aquellos jueces del género femenino.
Señoras y señores, JUEZ, es quien juzga. Ya sea hombre o mujer, mujer u hombre. Y por tanto es "su señoría", femenino o masculino, masculino o femenino.
De veras que no tienen nada que hacer, y como el demonio, cuando ocurre eso, matan moscas con el rabo. Esa es la sensación que dejan tales desbarajustes.
Bueno, pues como yo soy del género masculino, he estado en el playo, y me he quemado el espaldo. Bañándome entre el rio y el playo de Punto Umbrío, Huelvo, me puse como una cangreja -que acentúan más su pigmentación- o... ¿debería decir cangrejo?
¡Valiente carajada!
Y, para los más progres: Valienta carajado ¡cojonas!

3 comentarios:

Marisa Pérez Muñoz dijo...

Ya que lo escribiste el 15 de Julio (día después del pobre de mi sanferminero)preguntarte hoy qué tal van los quemaduros de tu espaldo, es respuesto seguro que mejorando o incluso bien del todo, de lo cual me alegraré tanto como el día que me entere que la absurdez en sexuar definiciones ha terminado.

Si hemos de apelar a la real academia de la lengua española, que sea para mejorar nuestro lenguaje, no para semejantes sandeces salidas de la pluma absurda de quien no tiene nada mejor que hacer que saludar a las miembras a bocajarro.

Un millón de besos y que siga la mejoría de tu masculina espalda.

Marisa

Castrodorrey dijo...

Mi querida amiga Marisa, por fortuna ya pasaron los quebrantos y cremaduras... jejeje, como siempre, todo lo que empieza, tiene un fin.
Gracias por tu inapreciable atención.

Sirventés dijo...

Lo importante no es la palabra en sí, sino la actitud con la que se usa. Toda esta gente que quiere cambiar géneros lo hace para demostrar respeto. Pero lo único que hacen es recomplicar.

Es bien sabido que debemos decir "persona de color" y no "negro", porque eso es falta de respeto. Sin embargo yo tengo amigos negros que no se ofenden en absoluto si les llamo negros. Al igual que un rubio no se debe ofender si le llaman "rubio". A no ser que lo hagan para ofenderle, en cuyo caso la palabra usada no va a ser más que una anécdota.