viernes, 19 de febrero de 2010

Los Mallos de Riglos (Viaje expréss)

No hace mucho tiempo, concretamente un año, escribí un artículo sobre estas magníficas peñas, denominadas Los Mallos de Riglos. Cuyo enlace está en el título de esta entrada, y cualquiera que lo desee puede comprobarlo directamente.
Ni que decir tiene, que me causaron una magnífica impresión, cuando mirando aquí y allá, buscando información para mis escritos, descubrí todo el intríngulis de estos colosos de roca viva.
Pues nada más lejos de cualquier imaginación, que al verme bajo ellos, me sentí completamente ínfimo, y me temí muy mucho que no hubiera hecho justicia con mis torpes letras.
Es una verdadera maravilla de la naturaleza, todo el valle que duerme a su sombra, y hasta el aire que se respira por allí.
Y no me extenderé más sobre ellos, ya que una vez repasado aquel escrito, comprobé que por suerte, me ajusté bastante a la verdad de lo visto.

Sin embargo, la nota de humor la puso mi querido cuñado, cuando, como un verdadero fitipaldi, sin cortarse ni un solo pelo, nos condujo por aquella inigualable carretera, por todo el territorio de Loarre, para dejarnos justo a los pies del más gordo de todos los peñascos. Recordé a Gila en aquel inolvidable relato de los viajes a los que llaman tours, donde el guia le contesta a un viajero al llegar a París: ¿Que quiere ver "Los Inválidos"...? Pues mire usté a ese manquito... ¡¡y rápido!!

Luego de publicitarme que haríamos una excursión a los mallos, durante toda la noche -bueno, solo hasta las dos de la madrugada- antes de zamparnos el riguroso asado de ternasco que había encargado para deleitarnos en el día siguiente.
Así, exactamente igual que el viajero del tour-operator de Gila, fue como me sentí al bajarme del coche.

Pero eso solo es la nota de humor, ya que ¡en serio! mereció la pena el viaje a Huesca, a casa de mi querido cuñado. Un abrazo, Rodri... y no cambies nunca.