lunes, 23 de abril de 2012

Uno de los grandes....Antonio Romero López "el soldaíno"

Mi tito Antonio, allí al fondo, en una comida familiar. Ese, es, era y será, uno de los grandes de mi familia.
Ayer se fué. Ni tiempo tuvo de decirnos adiós, como a él le gustaba, comiendo, bebiendo y contando chistes y anécdotas, a sus seres más queridos. Era hermano de mi padre, y una de las personas que más me caló en la vida. Siempre sentí por él un cariño especial, que nunca tuvo reparos en demostrarme.

Aún recuerdo, y recordaré siempre, porque eso se clava en lo más profundo, cuando tomó mis manos por la ventanilla del tren, al despedirnos en El Repilao. Era yo un comino, habíamos llegado hacía cinco años desde Galicia, y otra vez, tuvimos que saltar hasta el otro extremo del mapa.
Jamás comprendí el motivo de aquellos saltos tan enormes, con la corta edad de dos, cinco, y nueve años, que apenas me daba tiempo de saborear a mi otra familia, mis titos y mis primos de Cortegana. Lo que si era consciente, que me apenaba separarme de todos ellos. Y en especial, de mi tito Antonio. Joven, lleno de vida, conquistador y simpático a más no poder, que me tenía como ensimismado. Pues aparte de mi padre, era mi ídolo más cercano. Mi padre significaba unas circunstancias más sobrias, y él, mi tito, era como un hermano mayor que te comprende y te da todos los caprichos.
Luego, ya de adultos, tuve la ocasión de frecuentar su casa, viendo crecer a sus hijos, mis queridos primos a los que llegué a coger en brazos -por lo menos a dos de ellos- y disfruté como nadie de esta relación. Llegar a Cortegana, para mí, era como llegar al cielo.
Esa es una de las verdades de mi vida. Muchas o pocas, no lo se, pero eso lo tengo grabado en lo más íntimo de mi corazón.
Millones de anécdotas, ratos, comidas, vivencias, que compartimos en una época -desgraciadamente lejana, sin perjuicio de lo cerca en el sentimiento- que solo en el momento que sabes, que jamás podrán volver a repetirse, es cuando verdaderamente tomas consciencia de lo corta que es la vida. Cortísima, al llegar a éstos momentos, lo certifico.

Luchador empedernido sin cuartel, para sacar sus proyectos adelante, Antonio Romero López "el soldaíno" Admirado por cualquiera que le haya conocido. Y más por mí, por la parte que me corresponde. Muy joven que fue a la mili, para ganarse el apodo de "soldaíno", que lo habría de mantener hasta el final de sus días. Y muy joven también que se marchó para siempre de lo físico, pues en lo espiritual no abandonará nunca a su Cortegana, ni Cortegana a él tampoco.


En fin, necesitaría de un espacio como dos o tres campos de fútbol, para relatar tanta historia que nos abrigó en esta familia. En mi libro La guerra del "golfo", intenté plasmar algunas de ellas, pero solo conseguí una millonésima parte del total. Seguro.

Y ayer, cuando lo acompañábamos en su postrer viaje, hacia un lugar al que nadie va si no es por pura obligación, o los designios del destino, se desprendió una cinta de una de las coronas que bordeaban el féretro. El aire, que no se quería perder en su último paseillo, hizo saltar aquél recuerdo... que milagrosamente, mi primo José Antonio pudo prender con la mano, por la abierta ventanilla de nuestro coche. La cinta ponía "tus hijos no te olvidan"
Gracias tito, por este gran mensaje para tus hijos, que yo admito para mí también. Tampoco te olvidaré, nunca. Te quiero tito Antonio.

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